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lunes, 23 de mayo de 2016

Rest in Pixels -- documental de BBC

Detalle de Ascent of the Blessed por Hieronymus Bosch (1500 - 1504)
There are now over 30 million dead people on Facebook, so what happens when we leave that digital representation of ourselves behind? This film delves into the explosion of ways in which to store, advance, digitise and personalise our very own digital legacies. From avatars and holograms, to androids and algorithms that can tweet on our behalf from beyond the grave. We are now no longer resting in peace, we are resting in pixels

viernes, 20 de mayo de 2016

Time-lapse de un hongo filamentoso

Vía
Mold time lapse from chemicalreactiongifs
An aspergillum is used in Roman Catholic and Anglican ceremonies, including the Rite of Baptism and during the Easter Season. In addition, a priest will use the aspergillum to bless the candles during candlemas services and the palms during Palm Sunday Mass. At a requiem, if a coffin is present, the priest will sprinkle holy water on the coffin. The aspergillum can be used in other manners where sprinkling of holy water is appropriate, as in a house blessing, in which the priest might bless the entry to the home. The name derives from the Latin verb aspergere 'to sprinkle' (vía).

sábado, 30 de abril de 2016

Gordo y colorao

Por Pun 18*, QEPD. Vía
Cuando estás enfermo es cuando mejor escribes.
Artaud decía algo de los enfermos.
Y los médicos:

         «He estado enfermo toda mi vida y no pido más que continuar estándolo;
        pues los estados de privación de vida me han dado siempre mejores indicios
        sobre la plétora de mi poder que las creencias pequeñoburguesas de que:
        BASTA LA SALUD»**

Que hay cosas que valen más que
    la salud.
La salud mata la poesía.

Notas:
*La muerte de Philip me jodió bien cabrón. También tengo Crohn's.
**Antología de la poesía surrealista, p. 76, Ed. Argonauta, 2006. Trad. por Aldo Pellegrini.  


miércoles, 31 de julio de 2013

Euthanasia Coaster (Urbonas, 2010)

Vía.
"Euthanasia Coaster” is a hypothetic euthanasia machine in the form of a roller coaster, engineered to humanely – with elegance and euphoria – take the life of a human being. Riding the coaster’s track, the rider is subjected to a series of intensive motion elements that induce various unique experiences: from euphoria to thrill, and from tunnel vision to loss of consciousness, and, eventually, death. Thanks to the marriage of the advanced cross-disciplinary research in mechanical engineering, space medicine, fairground psychology and, of course, gravity, the fatal journey is made pleasant, elegant and ritualistic. Celebrating the limits of the human body but also the liberation from the horizontal life, this ‘kinetic sculpture’ is in fact the ultimate roller coaster: John Allen, former president of the famed Philadelphia Toboggan Company, once sad that “the ultimate roller coaster is built when you send out twenty-four people and they all come back dead. This could be done, you know." (las negrillas son mías) -- Julijonas Urbonas

jueves, 25 de julio de 2013

Horror en Santiago.

Train wreck at Montparnasse, 1895. 
Dos videos que le dañan el día a cualquiera. Más de 70 muertos en Santiago de Compostela. Un vídeo es el tren de Renfe--iba muy rápido para ese stretch. El otro es el de la respuesta inmediata a la hecatombe.



domingo, 14 de abril de 2013

El ácido pícrico vale más que la sangre: 176 boricuas mueren en Arkansas.

Vía Sync Weekly.
El 21 de marzo es un día bastante tóxico en los walls puertorriqueños de Facebook. Lo mismo pasa con el 19 de noviembre. Son días en que la puertorriqueñidad – la mancha de plátano, la herida de Lacan, el zombi de Pabón, el tajo en la frente de Harry Potter – late.

El 21 de marzo del 1937 fue la masacre de 19 puertorriqueños en la ciudad de Ponce. La conmemoración de la fecha se puso bastante charra y off putting: boricuas bestialosos, que disparan de la baqueta ideológica, tramaron el día con la muerte de Chávez; con la CIA; con citas de Calle 13, etc. Leo posts de Facebook – y comentarios en endi.com -- con el mismo morbo. 

El pasado 21 de marzo, encontré un link que alguien colgó sobre la masacre de Ponce. Después de leer unos cuantos comments en respuesta al enlace de la masacre, me encontré con uno bastante interesante. Un gringo compartió un enlace con el siguiente título:

Marker dedicated to Puerto Rican immigrants sparks a historical rediscovery (por Elvin Demirel):
“Miers entered Calvary Cemetery to inspect the marker (la lápida colgada en este post). On the tombstone, he read, “In Memoriam of the Porto Ricans who died at Picron, Ark. 1917-18.” A mass grave.” -- Los paréntesis son míos.
Murieron más de 170 puertorriqueños en Arkansas, en una planta de picric acid; el producto se traficaba con Francia a cambio de municiones.
Acidum picronitricum. 
La ley Jones nos hizo ciudadanos; un upgrade que incluía pelear en Alemania, o trabajar en condiciones puñeteras – en la puñeta, en Arkansas. La Ley Jones fue un tremendo hustle reaped from the legacy of the Spanish-American War, 20 years before: 
The Jones-Shafrod Act fue una buena excusa para ensillar el espíritu belicoso de un – fuerte – pueblo caribeño. Aunque no le beben el caldo a los filipinos; during the Digmaang Philipino-Amerikanoesos moros son unos badasses.” – General of the Armies, John Joseph “Black Jack” Pershing. 
"Its durability and sharpness can be comparable to the Japanese katana. Kalis can easily cut some hard objects. These type of swords are made by smiths in several Filipino tribes."

Macaracachimba de **** estrellas. 
En el Calvary Cemetery, en Little Rock, Arkansas, hay una olvidada esquina que prende de medio maniguetazo, 176 boricuas bañados en ácido pícrico. Ya nadie los recuerda.

martes, 11 de septiembre de 2012

Dickhead

Vía Wikipedia.
Hoy es 11 de septiembre del 2012. La muerte es una palabra inevitable - Allende y Bin Laden hasta por las orejas. El post de hoy se va pernicioso.

Hace tiempo que no posteaba algo endémico al blog; quería romper el hiato con un texto de Philip K. Dick (pagina 128; The Exegesis of Philip K. Dick; editado por Pamela Jackson & Jonathan Lethem, 2011):
Four nights before Pinky died, before we knew he had cancer -- I started to say, before he had been diagnosed as having a bruised rib -- he and Tessa and I saw a uniform pale light slowly fill the room. I thought the angel of death had come for me and I began to pray in Latin: "Tremens factus sum ego, et timeo," and so forth; Tessa gritted her teeth but Pinky sat there, front feet tucked under him, and impassive. I knew there was no place to hide, like under the bed. Death can find you under the bed; everyone knows that, even little kids. And it looks bad.

sábado, 20 de agosto de 2011

Necroturismo II

Hay fantasmas literarios en Cupey. Se pasean entre moteles, edificios gentrificados y arrabales abandonados. Figuras importantes de la literatura del siglo XX, le dan nombres a las calles que se encuentran detrás de mi casa. Todos ganaron el Premio Nobel de Literatura. Para retratar los rótulos de las calles, caminé por las aceras; tuve que pasar cerca de las casas. Los perros corrían a las verjas a ladrar y los vecinos, desde sus balcones, o guiando en sus carros, me miraban como a un bicho raro. Sus miradas ladraban más fuerte que sus mascotas. Me imagino que se preguntaban: "¿qué carajos hace ese tipo retratando rótulos de calles?" No me sorprende si alguno de ellos pensó en llamar la policía:

Rabindranath Tagore - poeta, Premio Nobel de Literatura en el 1913
Thomas Stearns Eliot* - dramaturgo, poeta, Premio Nobel de Literatura en el 1948.
José Echegaray - dramaturgo, Premio Nobel de Literatura en el 1904
Albert Camus - filósofo, Premio Nobel de Literatura en el 1957
Juan R. Jiménez - poeta, Premio Nobel de Literatura en el 1956
 Grazzia Deledda - novelista, poeta, dramaturga, Premio Nobel de Literatura en el 1926

* T.S. Eliot debería halarle los pies al que escribió su apellido en el rótulo. No hay nada que encojone más que ver el apellido de uno mal escrito en un texto. Si el responsable del vergonzoso y garrafal error ya murió, entonces que Eliot le hale los pies a Santini.

jueves, 28 de julio de 2011

Velorios Creativos: Reflejos del Nuevo Morbo Boricua

Resulta difícil entender por qué hay ritos; pero podemos afirmar que los hay para todo — para casarse, para congraciarnos con la muchedumbre religiosa, para formar parte y ser ante el otro, ritos para despedirnos, para darnos la bienvenida, para ser inocuos y purificados, para hablar con dioses, para velar muertos y confirmar que éstos estén bien muertos. Los ritos justifican, validan, aseguran, limpian y protegen. Estas características de los ritos —muchas veces— se dan en un contexto mágico-religioso que asegura tener un vínculo directo con lo numinoso, lo sagrado.

En la antigüedad el rito fúnebre aseguraba un pasaje, al más allá, acomodado, seguro y digno. Taínos, egipcios, etruscos —entre muchos otros— rendían culto a sus antepasados. Estas ceremonias eran oportunidades para re-visitar el legado, celebrar la memoria. Las celebraciones eran elaboradas o sencillas, dependiendo de los recursos económicos del fenecido. Mientras más recursos mejores chamanes, más joyas, mejores embalsamadores, pirámides más grandes, más ánforas, más mujeres en la fosa... En fin, un rito fúnebre con mucha pompa era, y sigue siendo, una señal positiva de estatus social. Una solemne y sublime ceremonia no es la única motivación detrás de estos actos.

Pudiéramos pensar que los ritos en la actualidad ya no tienen tanta importancia — particularmente si nos dejamos llevar por el filósofo británico Herbert Spencer; famoso por su agnosticismo y considerado, en muchos círculos académicos, como predecesor de Charles Darwin. Según el pensador positivista (Spencer), evolucionamos culturalmente, pasamos a otros estadios, etapas en las cuales la religión y la superstición no formarán parte de nuestra cosmogonía; como si las creencias religiosas fueran training wheels ideológicos —necesarias para alcanzar el máximo potencial humano. No obstante, si el filósofo estuviera vivo hoy día, y se diera la vuelta por la isla, se vería obligado a revisar su concepción evolucionista —tendría que re-escribir muchos de sus textos antropológicos.

En Puerto Rico —y afirmo lo siguiente con cierto nivel de incertidumbre— la gente está convencida de que los relámpagos y los vuelos de pájaros no son augurios divinos. Sin embargo, en algunos sectores marginados de la sociedad puertorriqueña —en pleno s. XXI— se ha visto una incipiente afición por elaborados o "creativos" ritos fúnebres. Y es que en los últimos dos o tres años, la isla ha visto un fenómeno cultural con precedentes milenarios, pero en el contexto contemporáneo y post-industrial adquiere —con razón— un matiz macabro.

Los periódicos del país, capitalizando en el morbo y el derramamiento de sangre, han hecho públicas imágenes perniciosas que generan todo tipo de reacciones. Muchos han sentido vergüenza, pena, coraje —entre otras emociones. Inclusive, estas imágenes han dado paso a discusiones en torno a la cafrería, las desventajas económicas, los caseríos etc.; pues es evidente el siguiente hecho: los muertos senta'os, en motora, para'os o en ambulancias no están enterrados en el cementerio Santa María Magdalena de Pazzis; no tienen de vecinos a gobernadores gringos, mártires nacionalistas, escritores, artistas o empresarios con coloridos apellidos.

Estas nuevas re-lecturas a velorios, además de generar todas las reacciones antes mencionadas, bien pudieran ser indicadores alternativos que contribuyan a dar cuenta de la cultura de violencia en la isla — más allá del obsesivo récord de muertos por asesinatos. Estos ritos se llevan a cabo en un contexto marcado por violencia y precariedad. A este problemático escenario también se le añade una suerte de reacción colectiva — un reflejo autómata, irremediablemente imbuido en nuestra cotidianidad—siempre dirigida al vacilón y al tripeo. La reflexión en torno a estos nuevos ritos es nula, pues nos resulta extremadamente tentador —incluyendo a Kenneth McClintock— bromear con los ritos funerarios de los abyectos, pero no necesariamente inocentes víctimas, razón por la cual entendemos permisible el vacilón.

Y aquí me remito a las preguntas sugeridas al comienzo de este escrito—que son las que menos atención reciben en los medios locales de comunicación: ¿por qué hay ritos?; ¿por qué están ocurriendo estos "velorios creativos" en Puerto Rico? Por fortuna o por desgracia, ya tenemos cuatro velorios creativos, y no me sorprendería si surgen más, ya que estos ritos-espectáculos prometen ser una lucrativa gesta mortuoria. Por lo tanto, es posible gestar el esbozo de un hilo unificador entre éstos. Al ver los cadáveres —embalsamados de forma alternativa, por así decirlo— participamos de una exhibición en la cual se reclama el reconocimiento; se pide la atención del público: "Aquí estamos, no se erigirán bustos a nuestra memoria, tampoco habrán marmóreos monumentos acariciados por la brisa del mar, pero aquí estoy, mírenme, también soy digno."

Estos ritos posmodernos no pueden separarse de una curiosa teatralidad motivada por la sed de reconocimiento; fruto de una mezcla entre voyeurismo, morbo y "mis cinco minutos de fama, aunque sea después de muerto." Falta mucho por contemplar en cuanto a este fenómeno, pues es uno reciente, y aunque en la cultura puertorriqueña se ha tratado el tema del velorio anteriormente, no resulta cómodo hablar de esto. No sorprende el hecho de que se hagan bromas, hacer light el discurso.

Como una especie de antídoto a nuestra nueva adquisición cultural, los dejo con el trailer de la película japonesa Departures (Takita, 2008). Aquí se presenta una alternativa opuesta a lo que representan los nuevos ritos fúnebres puertorriqueños, ya que es una celebración típicamente japonesa: llena de ritual, poesía y sensibilidad estética. Aun así estas prácticas fúnebres, con siglos de antigüedad, no dejan de ser controversiales:

viernes, 10 de junio de 2011

Reseña: {Salsa Macabra | Orquesta El Macabeo}

Consumo medios como una niña adolescente con una tarjeta de regalos de 1,000 dólares - en Forever 21. Tengo que escuchar música todos los días, por lo tanto, no puedo estar escuchando lo mismo todo el tiempo. Compré Salsa Macabra con una buena referencia (vía @redod) y puedo decir que el disco apela a mi condición boricua y a muchos de mis valores estéticos. Me gustó Orquesta El Macabeo aunque la salsa no sea un género protagónico en mi iPod (si me gusta la vieja, la golda). La producción es riquísima, tanto en contenido técnico como poético. Una pieza que sugiere la excelente ejecución de las dos facetas antes mencionadas (lo poético y lo técnico) es Charlatán. Nunca los he visto en vivo, pero puedo decir que las trompetas, la percusión y las teclas están por encima de los guineos. El sampling carioca es exquisitamente insertado, dándole un aire de joda que complementa muy bien la pieza. Y es que con la lírica también se teje un héroe, una suerte de arquetipo boricua, un Diógenes de la vida, pero que "todavía es tu pana":



La producción es afable por que nos regala, sin reservas ni pretensiones, pura gozaera. Macabeo se presenta como un fenómeno poco usual: una banda independiente, dispuesta a subvertir lo que se entiende por Salsa, mientras traen un sonido indiscutiblemente purista. Pero sabes que hay algo diferente, alternativo. Con Salsa Macabra se pone la salsa al día vía 12 rockeros, 12 templarios macabros dispuestos a proteger un Santo Grial: el cánon cocolo. Una deliciosa paradoja que se me hace evidente en Swing. El Charlatán, una especie de Virgilio dantesco que nos guía, nunca abandona el contexto del álbum, pues también se pone romanticón (La Noche); reflexiona sobre una pesada carga existencial en La Culpa; se pone épico y se infla de grandiosidad en Macabionico; y en Se Pone Difícil, el héroe, que ya se perfiló como macabiónico, charlatán y romanticón, también es contemplativo. El Charlatán, el arquetipo boricua con el que tanto nos identificamos, es el recurso poético con el cual Macabeo le habla a toda una generación. Una generación a la que no le queda más remedio que encontrar vacilón en lo macabro:

Danza Macabra (Michael Wolgemut, 1493)

jueves, 10 de febrero de 2011

La Muerte, la guerra y la poesía audiovisual: Apocalypse Now (Coppola, 1979).



"I love the smell of napalm in the morning"
- Lieutenant Colonel Bill Kilgore

La música y el cine dialogan de forma mística y con un matiz poético en Waiting in Saigon, capítulo introductorio de Apocalypse Now (Coppola, 1979). La psicodelia de Jim Morrison, de la cual me cansé hace unos años atrás, habla de la sombra jungiana, que también se poetiza en el cine contemporáneo (Black Swan, Antichrist, entre otras).

Aunque pretendemos esconder debajo de la alfombra del subconsciente nuestras pulsiones, aún se percibe el relieve de un fálico sable. No podemos tapar el cielo con una mano. Es casi imposible reprimir el hecho de que la muerte y la guerra, muchas veces, son la materia prima de la mejor ficción, de nuestros sueños y ansiedades.

Puse la película después de jugar gotcha en Carolina. La Torre de Font, a lo lejos, se veía fálicamente erguida mientras docenas de hombres (y niños) comparaban las dimensiones de sus piti-yankees y burgueses gónadas (el 'deporte' de gotcha es carísimo). Muchos de ellos con películas de Rambo e imágenes de Black Ops en sus mentes. Yo entré al field con mi visión romántica de la guerra, con imágenes de Deer Hunter y Apocalypse Now. Nunca he sido muy optimista con mis habilidades lúdico-bélicas (deportes), sin embargo, todavía quedan vestigios adolescentes de comparar dimensiones genitales.

En el juego imitamos la guerra aún cuando nos estremecemos con su posibilidad a escala global. ¿Por qué? La gloria y su aprehensión, hipérbole emotiva de lo épico, son el motor detrás de un riesgo, a veces voluntario, a morir.

Siempre hemos estado en guerra aunque la cartografía geo-política se actualice cual imagen de la Tierra en Google Earth. El texto ha dado cuenta de esto. La ficción, ya sea literaria (comics, SF, literatura universal) o cinematográfica, romántica o naturalista, está disponible como documento que podemos re-visitar. Documentos que re-cuentan como lo haría corresponsal o un reportero bélico: "I believe in The Last Son of Krypton. And no story rings more true than the one in All-Star Superman. This comic book, here collected in a gorgeous hardcover edition, saved my life. It taught me that because someting is fiction doesn't mean it's a lie."* - Marlo D. Cruz-Pagán (@Arturo_Ulises en twitter)

Podemos examinar nuestra obsesión milenaria con la guerra, y los síntomas que a veces identificamos como la condición humana, a través de la ficción. El cine y la literatura cuentan con una amplia gama de posibles estudios de caso, aunque la historia "[...] en aras de legitimarse como "científica", ha perdido de vista su íntima conexión con la imaginación literaria."**

Los textos siguen dando cuenta del persistente amorío entre la poesía y la guerra, aunque el naturalismo salte de las pantallas, o las páginas, y le grite al expectador-lector: "La Guerra es una mierda, te acerca a La Muerte." El sabor de la gloria y la condición biológica se funden en nuestra apreciación estética de la guerra. Estamos dispuestos a ignorar su fea cara.

El hedor de un cuerpo humano, podrido, y con un agujero del tamaño de un puño en la cara, pocos lo conocen. Sin embargo, mórbidamente jugamos Call Of Duty, vemos vídeos de WikiLeaks, jugamos gotcha, escuchamos Holiday in Cambodia e idolatramos a Marlon Brando.

Todavía insistimos en conservar el espíritu bélico y épico. Creemos en los Campos Elíseos, en el triunfo.

Waiting in Saigon es un poema de nihil, fuego y detritus. Un poema de mierda y sangre. La ficción audiovisual nos presenta, poéticamente, la verdad de la guerra. Pero, seducidos mórbidamente, seguimos viendo la película. Sabemos que nos espera un réquiem de la nada. Jim Morrison nos dice irónicamente: "This is The End." Sin embargo la película apenas comienza.

Con esta introducción, una de las mejores en la historia del cine, no podemos esperar a ver el sacrificio del toro, imagen que vierte sangre y mierda.



Referencias:

 * The Nowhere in the Middle (Blog), por Heather McCormack
** Carlos Pabón | Nación Postmortem: Ensayos sobre los tiempos de insoportable ambigüedad. | 2002,  Ediciones Callejón, San Juan, P.R., pp. 181.

jueves, 19 de agosto de 2010

Necroturismo



"The most abstract idea conceivable is the spirit of sensuality. But in what medium can it be represented? Only in music. It cannot be represented in sculpture, for in itself it is a quality of inwardness. It cannot be painted, for it cannot be grasped in fixed contours; it is an energy, a storm, impatience, passion, and so on, in all their lyrical quality, existing not in a single moment, but un a succession of moments, for if it existed in a single moment it could be portrayed or painted"Søren Kierkegaard, Either/Or.

el llanto a partir del fin...
el fin a partir de la extinción...

una ineludible extinción,
a partir de la condición
a la que se expone cualquier cosa,
que anhela violar
el cosmológico devenir
con sufrimiento, con vida...

vivir es morir a cuentagotas,

la condena de la conciencia del sufrimiento,
es la carga del que sabe que esta vivo...

el inconmensurable desasosiego ante la posibilidad del eterno nihil...

la mentira del 'descanso eterno',
no puede apagar la violenta llama de la incertidumbre metafísica...

sólo la solemne veracidad de una lágrima vertida la puede extinguir,
aunque sea por un breve instante...

las lágrimas proveen un paradójico sosiego,
al desasosiego causado por la muerte a cuentagotas...

el pavor que causa el Gran Vacío,
sólo es posible articularlo con la estética sonora del llanto...

el legado de lágrimas,
es un perenne verter que se percibe a través de la memoria,
insertada en una necesaria perplejidad,
identificada de forma limitada con la palabra tiempo...

el sufrimiento es una etérea actualidad,
en perenne condición de sublimación;

haciendo del presente un pasado
y de la angustia una nostalgia...

la romántica esperanza del futuro es una inalcanzable cima,
que la presencia del sufrimiento insiste en conquistar...

un críptico tríptico temporal se manifiesta:
la nostalgia, el sufrimiento y la esperanza...

el pasado nostálgico, el sufrido presente y el romántico futuro,
se funden en un réquiem por la existencia,
en el cual la ignota humanidad es un lacrimoso coro de voces...

Referencias:


Mozart: Requiem In D Minor, K 626 - 1. Introitus, Requiem Aeternam,
Herbert Von Karajan; Berlin Philharmonic Orchestra

Kerkegaard, S. (1992),"Either/Or: A Fragment of Life" Penguin Books, London, p. 69

martes, 10 de agosto de 2010

3:42 a.m.



Un hombre entra a la tienda. El niño, agarrado de la mano del padre, dirige una gélida mirada a la cajera. El rostro de la empleada se distorsiona, adquiriendo una involuntaria mueca que sólo se produce cuando es la última.

El hombre sale de la tienda. El padre yace sin vida en el frío piso. El último rostro que vio el niño fue el de una mujer, con todo el miedo que es posible sentir en segundos.

La barriga del padre es una almohada para la cabeza del niño sin vida. La joven empleada jamás podrá describir al hombre de la tienda, pues su mueca la inmoviliza de forma perpetua.

El terror le arrebató las palabras pero, desafortunadamente, la dejó con vida.

miércoles, 14 de julio de 2010

Der Geist ist Knochen (Spirit is bone)

Una percusión de vítreos matices se emite con cada paso que doy sobre una alfombra de calcáreas formas.

La música del espíritu hecho hueso, materia, recuerdo de la limitación temporal espacial que comparto con el caos sistemático; rebelión metafísica, mi condición ontológica.

Un pedazo de espíritu óseo, un pedazo de coral calcáreo; cínicas obscenidades y gélidos excrementos, frutos del jardín de Hades.

Caronte navega la putrefacta Estigia. El barquero se burla de mi caprichosa contemplación existencial. No soy ni el primero ni el último.

Los que después participen de la mortuoria sinfonía, lo harán sabiendo que el excremento calcáreo no le debe envidia numérica a los gaseosos astros.

jueves, 20 de mayo de 2010

Valentía Paradójica.



Vivo esta vida con miedo a la Muerte. La extinción de mi presencia temporal espacial es un hecho aterrador. Vivir la vida muriendo es una condición absurda y orgánica. Dejar de ser (producto de una interrupción prematura en eventos bioquímicos y físicos) sin saber ser sería una tragedia. Saber que se es porque existe la posibilidad de dejar de ser es un lamentable y frecuente evento.

Quiero Ser. Vivir mientras muero constituye una condición que se me hace imposible manipular. Pataleteo constantemente con estas patologías existenciales y fisiológicas. Una oscilación dialéctica se da entre cojones y falta de cojones.

La integridad estructural de mis gónadas metafóricas esta dada por la actualidad inmediata, constituida por relaciones interpersonales (amor). La flacidez de mis bolas existenciales es producto de la inmanente certidumbre que solo puede ofrecer la Muerte.

Existe otra certidumbre que a la vez es consuelo y devela una sensibilidad ética que hace posible valorar mi presencia temporalmente limitada. Esta certidumbre de mi condición es imposible de escindir; es vital para seguir viviendo una vida que continuamente se extingue.

No se que viene después de esto. Confieso que quiero seguir viviendo por que soy un cobarde. Soy un cobarde por que tengo mucho que perder y lo que puedo perder es mucho, porque amar es parte de mi ser.

Soy un ser que ama (condición que se da a través de unos huevos férreos), ese es mi consuelo, soy alguien que no quiere morir y no querer morir es la certidumbre que solo puedo identificar con la palabra miedo.

Existen solo dos cosas seguras en la vida; la Muerte y el miedo a morir.